Mirando el 2012… desde el 2011


Autor: Marcelo Molina


Cada año trae sus particularidades. Y más allá de las interpretaciones que podrían seguir a la pregunta “¿cómo fue tu año?”, podremos estar de acuerdo en que han sucedido cosas en nuestras vidas, hechos concretos, resultados, que podemos usar perfectamente como indicadores, como “mojones” para dibujar una realidad actual: la propia.

Si comparamos estos hechos (los que hayan sido logrados con nuestra decisión, compromiso y acción) con los objetivos o metas planteadas al inicio de año, podremos observar cuáles alcanzamos, cuáles no, cuáles hemos pospuesto, de cuáles hemos desistido, cuáles alcanzamos parcialmente, etc. Esto nos de una idea del “rendimiento” personal, es decir, de la EFICACIA de nuestra “producción”, de si hemos sido capaces o no de alcanzar los objetivos deseados o esperados.

Pero como todo en la vida, no solo cuenta el resultado, también cuenta el proceso. Teniendo en cuenta los objetivos alcanzados, “¿cómo fue que los alcancé?”. Es decir, cómo fue que utilicé mis recursos (tiempo, dinero, habilidades, competencias, posibilidades, relaciones, talentos, oportunidades, etc.) para conseguir los objetivos, si pude o no obrar con EFICIENCIA y optimizar esos recursos para lograr alcanzar esas metas.

Siguiendo con este proceso evaluativo de lo vivido, con toda esta información, aquí podemos observar cuáles fueron los efectos deseados e indeseados de los objetivos cumplidos y no cumplidos, cuyo balance nos dará una idea de la EFECTIVIDAD personal, es decir, de cuáles han sido 1) los logros, 2) las capacidades propias utilizadas –o potenciales–, y 3) en qué medida esto repercutió en nuestro fluir, o sea, los efectos.

En este punto 3) entra a “jugar” la propia integridad con valores. Ejemplo: si muchos de los efectos indeseados tienen que ver con nuestro resultado emocional de cierre de posibilidades, probablemente algunos de nuestros logros tal vez hayan tenido que incluir acciones que no estaban del todo en línea con nuestros valores, en cuyo caso, a partir de esa incoherencia interna, surgirá un residuo emocional que podríamos identificar como “negativo” como efecto indeseado del proceso.

Está claro que todo esto tiene sentido si, en alguna medida, al inicio de año nos propusimos metas y objetivos a alcanzar durante o al final del período. Para lo cual, es muy útil, a mi entender, contar con esta valiosa información del año anterior.

Cualquiera sea el caso, si sos de hacer planificación anual o no, te ofrezco que lo pruebes y que observes, al fin del 2012 los beneficios que se obtienen de un análisis como el precedente.
Para que lo puedas probar, te propongo que respondas algunas preguntas (*) que te servirán como guía para generar una base para la toma de decisiones, en vistas a que el próximo año sea más eficaz, más eficiente y más efectivo:

1. El 2011 ¿fue un buen año? ¿Por qué?
2. ¿Qué hice bien?
3. ¿Qué podría haber hecho mejor?
4. Lista de las cosas que me motivaron (en lo emocional, en lo físico y en lo financiero, en lo relacional, en la autoestima).
5. Lista de las cosas que me alejaron de mi bienestar.
6. ¿Qué fue lo que enriqueció mi vida?
7. ¿Qué relaciones me agotaron o me perjudicaron?
8. ¿Qué pensamientos han estado más presente en mi mente?
9. Describí cada mes de 2011 con una palabra, frase u oración.


Examiná las respuestas buscando los “diamantes ocultos”, las cosas que te han hecho bien,  mejor, más fuerte, más viv@. Ten en cuenta también todas aquellas cosas que te han alejado de tu compromiso y/o te han causado dolor o sufrimiento.

10. En retrospectiva, ¿qué podría haber hecho diferente para ayudarme más a mí mism@?
Hasta la próxima,

Para que disfrutes este viaje EN-TREN-A-TU-VIDA!


(*) Tomadas prestadas del blog de mi amiga Cynthia Occelli. (Escribe en inglés, super-recomiendable su lectura!!!)


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